Maná Ladilla – Amar es con batín. Amor Discos, 2013.

Amar es con batín

Ve a un teatro a ver una función del dúo cómico Faemino y Cansado. Una vez allí, abre tu mejor bote de dulce de leche, ese con triple extra de azúcar que compraste un día que estabas depre pero que

terminaste guárdandotelo para una ocasión especial, porque ese día no era pa tanto. Unta el dulce de leche en una caja de clavos, pero un buen pegote y, mientras masticas el empalagoso mejunje, bailas una cumbia al ritmo del “qué va, qué va, qué va, yo leo a Kierkegaard”. Esa es, aproximadamente, la sensación que se desprende de la escucha de la música de Maná Ladilla, a pesar de que ellos se definen como, simplemente, “música cursi, la música manida que llevas soportando toda la vida”.

Su disco de presentación, “Amar es con batín” (Amor Discos, 2013), es un trabajo que combina lo que ellos llaman “letras guarras” con la apología al amor más incondicional y a la vez más absurdo, con la especial característica de que todas las canciones dicen “te quiero”. En lo musical, se podría hablar de un punk-rock-pop-latino-zafio-progresivo-romanticón en el que destaca el trabajadísimo falsete de su cantante (que, pese a lo que han dicho las malas lenguas, ha asegurado a Mondongo Sonoro que conserva íntegros sus atributos sexuales).

Su primer single, “Chanquete ha muerto en el muelle de San Blas”, narra la triste historia de la muerte en un muelle de un viejo lobo de mar, hastiado porque ninguna gaviota acudía a comer las migas de pan que él sostenía en su mano, y de tantas horas sometido a la fría brisa marina, se queda pajarito. Este leitmotiv del amor incondicional absurdo lo desarrollan también en “Oye mi amor, soy un fumador”, en el que cuentan la estremecedora historia del hombre que por error arrojó la ceniza de su cigarrillo en la urna de las cenizas de su difunta esposa, y esta se le aparecía en sueños disfrazada del vaquero de Marlboro para pedirle explicaciones. Vemos también el aspecto más carnal del amor en canciones como la canalla “Ángel de amor, sube a mi nave”, o la desgarradora balada “Te lloré todo un río tocando la zambomba”.

No dejan de lado el compromiso social, mojándose en temas tan escabrosos como el abuso sexual en el trabajo, o el síndrome de Estocolmo, en “Cómo quisiera poder vivir sin la polla de mi jefe”. Dos de sus pasiones manifiestas son la escatología y los trabalenguas (por separado, aunque tampoco necesariamente). De la primera de ellas dan cuenta en la ranchera “Se me olvidó otra hez”, y de la segunda, en “Pablito clavó un clavito clavado en un bar”. Completan este disco de debut “Rayando el sol en el vergel del Edén”, “Imagínate al papa en tus labios compartidos” y el bonus track “Corazón es mi nardo”, en el que colabora Manolo Santana con un expresivo solo de raqueta.

El regalo perfecto para el Día de la Madre.

-.Andrés Caramalo.-
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